miércoles, 27 de febrero de 2013

Desde la Complejidad del Pensamiento


Desde la perspectiva de la complejidad el desarrollo del pensamiento complejo aporta al docente universitario cualidades y elementos que fortalecen su función en el proceso de enseñanza - aprendizaje desarrollando competencias que permiten reconocer y asumir cambios garantizando aprendizajes de calidad en los estudiantes, así lo identifica Arroyave, D. (2000):

Gráfica 3: Componentes del Pensamiento Complejo que hacen a un docente  en la nueva perspectiva de la educación



Competencias Docente


El objetivo del nuevo profesor, es constante, el mundo cambia, la educación cambia, el docente cambia, por esto que profesor debe tener una formación continua y como dice Bozu, Z (2010), “Establecer lo que hoy en día denominamos ‘comunidades de práctica’ o de aprendizaje en las cuales se integre la complejidad y la riqueza de las situaciones de enseñanza y aprendizaje constituye una inquietud profesional “.  Un docente de calidad se debe destacar por poseer cuatro elementos esenciales: Capacidad de adaptación, proceso centrado en el estudiante, variedad de recursos, uso de estrategia de enseñanza que inspiren un buen aprendizaje.

A partir de establecer las características del nuevo docente en la educación superior, se deben establecer competencias tanto en docentes como en estudiantes para fortalecer la educación desde la nueva perspectiva, donde se articulen los conocimientos de la institución con el mundo globalizado, como lo señala Barrón, M. (2009), quien cita a Morín, E, (2003), “La misión de la educación para la era planetaria es fortalecer las condiciones de posibilidad de la emergencia de una sociedad-mundo compuesta por los ciudadanos protagonistas, consciente y críticamente comprometidos en la construcción de una civilización planetaria”, para esto se hace pertinente revisar la reorganización de nuevas didácticas que den paso al nuevo proceso de enseñanza – aprendizaje e investigación en la educación superior.

Por lo anterior hay organizaciones como la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y el Centro Regional para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (CRESALC), interesadas en determinar el nuevo rol del docente  que demanda la sociedad y el apoyo en el desarrollo integral del estudiante, a esto se debe comprometer la formación en la educación superior, como lo indica Barrón, M. (2009):

 “asumir una nueva visión y un nuevo paradigma para la formación de los estudiantes, basados en el aprendizaje a lo largo de toda la vida, la orientación prioritaria hacia el aprendizaje autodirigido (aprender a aprender, aprender a emprender y aprender a ser) y el diseño de nuevas modalidades educativas en las cuales el alumno sea el actor central en el proceso formativo”.

Para cumplir con la misión designada en la educación superior el docente debe desarrollar una serie de competencias, así la define Perrenoud[1] (2007) “el concepto de competencia representa la capacidad de movilizar varios recursos cognitivos para saber hacer frente a un determinado tipo de situaciones”, más adelante adiciona: “El desarrollo de la competencia pasa “por operaciones mentales complejas, sostenidas por esquemas de pensamiento”, y estas se relacionan así:

Competencias docentes: Barrón, M. (2009) “Se caracterizan por ser complejas: combinan habilidades, principios y conciencia del sentido y de las consecuencias de las prácticas pedagógicas; así como una reflexión y análisis sobre los contextos que las condicionan y que van más allá del aula: El dominio de idiomas, el manejo de las TIC (saber), el desarrollo de competencias participativas, comunicacionales o multidimensionales (saber ser),que incluye la necesidad del manejo de personal, la coordinación de grupos y el trabajo en equipo, así como una serie de requerimientos denominados operativos (saber hacer), vinculados a la aplicación de los conocimientos a situaciones concretas. Finalmente, la flexibilidad, la polivalencia y la versatilidad son cualificaciones que todo docente debe poseer.

Competencia profesional: Esta radica en la capacidad intelectual del docente, Barrón, M. (2009), cita a Contreras (1999), quien dice que esta “…se refiere no sólo al capital de conocimientos disponibles, sino a los recursos intelectuales de que dispone con objeto de hacer posible la ampliación y desarrollo de ese conocimiento profesional, su flexibilidad y profundidad”.

Competencias didácticas: En estas juega un papel importante el conocimiento teórico- práctico y la actividad reflexiva sobre la práctica, Barrón (2009) señala las siguientes competencias didácticas del docente:

1.       Competencia Planificadora: planificar el diseño del programa, la organización de los contenidos y la selección y organización de las estrategias de enseñanza, de aprendizaje y de evaluación.
2.       Competencia del tratamiento de los contenidos: La estructuración didáctica o presentación de los contenidos tiene que ver con la forma de comunicarlos, de explicarlos, de relacionarlos con la realidad y de cuestionarlos, así como con la manera como se entrelazan las diversas indagaciones y observaciones y se articulan entre sí hacia un fin determinado.
3.       Competencia comunicativa: Se enfatiza la capacidad para transmitir con pasión un mensaje a los alumnos e interesarlos por el conocimiento en general y por los asuntos concretos que desarrolla su disciplina.
4.       Competencia metodológica: Todas aquellas acciones orientadas a gestionar la tarea docente e   implica la organización delos espacios de aprendizaje que posibiliten ambientes de aprendizaje en los que los alumnos desarrollen éste de manera autónoma y significativa en escenarios reales de trabajo.
5.       Competencia comunicativa y relacional: Se concibe como una competencia transversal debido a que las relaciones interpersonales constituyen un componente básico de las diversas competencias. La interacción docente-alumno es fundamental.
6.       Competencia Tutorial: Es concebida como una forma de atención educativa donde el profesor apoya a un estudiante o a un grupo de estudiantes de una manera sistemática, por medio de la estructuración de objetivos, programas por áreas y técnicas de enseñanza apropiadas a la integración de grupos conforme a ciertos criterios y mecanismos de monitoreo y control.

Junto a las competencias mencionadas anteriormente y el cumplir con los 4 pilares que caracterizan la nueva perspectiva de la educación, desarrollar las competencias y saberes para la investigación teóricos, prácticos y significativos que identifican el docente, determinan el reto de estos como lo señala Barrón “emanados de una realidad dinámica y contradictoria, se encaminan hacia el manejo de las incertidumbres y hacia la preparación para el riesgo, el azar, lo inesperado y lo imprevisto, dejando atrás una visión estática del mundo”, más adelante adiciona “que el docente ayude a enfrentar racionalmente las incertidumbres”, frente a la transformación de sociedad globalizada y a la formación de los estudiantes que enfrentan la vida para comprender, entender y actuar en ella.


[1]Barrón, M. (2009). Docencia universitaria y competencias didácticas. Perfiles Educativos, 125, 76-87 Pág. 79

Nueva Perspectiva del Docente


Nuevo Rol del docente en la Sociedad del Conocimiento

La transformación de la educación universitaria busca desarrollar competencias profesionales en sus docentes, y así, mediante métodos adecuados lograr que los estudiantes respondan a las necesidades de la sociedad.  Los cambios en los paradigmas de educación deben transformar competencias profesionales en el profesorado logrando calidad en la educación, así hace referencia Bozu, Z. (2010), “la competencia profesional como referente de la formación y adoptar unos métodos docentes diseñados para conseguir que los estudiantes puedan responder a las necesidades de la sociedad y de un mercado de trabajo cada vez más competitivo y sin fronteras”. En la actualidad hay muchos casos donde la función docente, a nivel universitario no es la adecuada, para el propósito que persigue el nuevo paradigma de la educación, así lo menciona, Bozu, Z. (2009), “la profesión de la docencia universitaria enfrenta diversos retos. Y uno de ellos es la formación del profesorado novel”, novel se le llama al docente principiante, que acaba de graduarse de la universidad e inicia su experiencia en una institución educativa, el cual tiene unos conocimiento, habilidades, actitudes adquiridas durante su carrera, momento en que posee conocimiento en el área disciplinar y carece de otros pedagógicos.

Es por esto que se da la transición a puesta en acción, donde adquieren conocimientos que les permite ejercer su función docente, además de su identidad que lo caracteriza.  Los primeros años de experiencia son fundamentales para su desempeño, aprende a utilizar los recursos que tiene a su disposición para usarlos de acuerdo a las necesidades del proceso de enseñanza – aprendizaje.

La nueva educación exige docentes nuevos, ya que esta es cambiante constantemente, es por esto la importancia del desarrollo del pensamiento complejo para la transformación en el entorno. En la universidad se encuentran docentes principiantes y otros con muchos años de práctica,  de acuerdo a la experiencia los docentes se pueden dividir en dos grupos, como lo menciona, Bozu, Z. (2009), “se agrupa en dos categorías: los que ven la inducción como una etapa de transición de alumno a profesor, mediante un proceso formativo y sistemático de iniciación en la carrera docente y los que la ven como una etapa del proceso de desarrollo profesional”. Los primeros deben adquirir como se mencionó en el apartado anterior, conocimiento profesional y un equilibrio en su identidad, es decir, autonomía y un continuo desarrollo personal.  Esto permite al docente novel adquirir competencias y habilidades, logrando que los estudiantes piensen por si solos.  Para los segundos es transformar su pensamiento a nuevas didácticas en el proceso de enseñanza – aprendizaje, los dos con el fin del mejoramiento en la calidad de la educación, así hace referencia Bozu, Z. (2010):

 “cambio de paradigma’ respecto al proceso de enseñanza-aprendizaje, donde el foco  del proceso formativo pasa a ser el aprendizaje del alumno y su capacidad para seguir aprendiendo a lo largo de toda la vida. Este nuevo modelo docente, con una nueva concepción centrada en el alumno y en su proceso de aprendizaje, requiere también impulsar una participación e implicación activa de los profesores que deben cambiar sus roles, de enseñar lo que se sabe a ayudar a aprender, a trabajar en equipo y a colaborar con otros docentes”.

El cambio en los docentes deben llevar a que su enseñanza se comprenda desde lo interdisciplinario, transdisciplinario y metadisciplinario, y así, dejar de ver el mundo desde la simplicidad del conocimiento y verlo desde una perspectiva más global, por esta razón, el perfil del profesor universitario será cada vez más exigente, dice Bozu, Z (2010), “el papel del profesor que pasa de ser instructor o transmisor de información a ser guía, facilitador del aprendizaje del alumno, el proceso parte de quién aprende, qué aprende y cómo aprende”.